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Pabellones de la Finca Güell, Barcelona

16,0026,00 IVA inc.

Descripción del producto

• Fine Arts Print (Giclée print). Edición limitada
• Edición limitada a 150 copias
• Firmada y numerada
• Papel Fabriano 270 gr

Apta para marcos de medidas universales. Ver presentación de producto.

Información adicional

Tamaño

23 x 23 cm, 30 x 30 cm

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Pabellones de la Finca Güell

En la entrada de Avenida Diagonal, tras un vasto muro cubierto de buganvillas, se extienden los Jardines del Palacio de Pedralbes, uno de los jardines más señoriales de la ciudad.

7,28 hectáreas esconden una gran variedad de árboles, plantas y caminos… pero también una de las obras menos conocidas de Gaudí: los Pabellones de la Finca Güell.

La existencia de la obra de Gaudí situada en la Av. Pedralbes se remonta a 1883 cuando Eusebio Güell le encargó la creación de un homenaje a su yerno Antonio López López, primer marqués de Comillas, que consistía en convertir el jardín de la finca Güell en el Huerto de las Hespérides.

Las ninfas de los árboles

En la mitología griega, las Hespérides eran unas ninfas que cuidaban un majestuoso jardín situado, según la tradición, cerca de la cordillera del Atlas (en el norte de África).
Jacint Verdaguer, ganador de los Juegos Florales y protegido del marqués de Comillas, escribió LAtlàntida, un poema épico


dedicado a su protector. En él explicaba la historia del mito griego Heracles, el cual robó los frutos de oro del árbol que las Hespérides protegían. Cuando esto ocurrió, los dioses enfadados convirtieron a las ninfas en árboles y al dragón que las protegía en constelación.

El secreto del jardín

Los Pabellones de la Finca Güell fueron proyectados como alojamiento del guarda de la finca y como caballerizas. Entre los dos Pabellones se encuentra una magnífica puerta de hierro forjado en forma de dragón con alas de murciélago y lengua sinuosa, una clara interpretación del dragón mitológico Ladón del Jardín de las Hespérides plasmado en el poema L’Atlàntida.

Los edificios situados a ambos lados de la puerta del dragón forman parte de la etapa orientalista del arquitecto, se denota cierta inspiración en el arte hindú, japonés y persa, del mismo modo que aquel más cercano como el mudéjar o nazarí. Todo esto, sin dejar de usar el típico trencadís de azulejo cerámico.

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